Trasladarse ayer de una punta a otra de la Gran Vía era un trabajo un tanto difícil y es que la celebración anual del día del libro convirtió la emblemática calle madrileña en un atasco de transeúntes prácticamente extasiados en los puestos de libros que en ambas aceras se habían colocado.
Mareas de gente se agolpaban en la entrada de la Casa del Libro a eso de las ocho de la tarde pero la razón no era otra que escuchar al Coro de Gospel de la UCM en un concierto que ofreció con motivo de la fiesta de la lectura. Eso sí, mucho mirar y poco comprar.
Ya sabemos que la economía no está muy bollante y que el dinero, precisamente, no sobra a estas alturas, pero ni siquiera los descuentos ofrecidos sirvieron de reclamo para animar a la gran mayoría que, sin moverse del sitio, escuchaba las míticas canciones interpretadas por el coro universitario.
Aunque los resultados del barómetro de hábitos de lectura, elaborado anualmente por la Federación de Gremios de Editores de España, hayan concluido que los resultados mejoran respecto a los del año pasado, los datos no dejan de ser desesperanzadores. Según dicho informe, tan sólo un 41% de los encuestados admite leer casi todos los días, el 15,9% una vez al trimestre y el 43,1% confiesa no leer casi nunca.
Debemos preguntarnos ¿de qué sirve que la Administración Pública derroche tantísimo dinero tan sólo un día cuando lo que hay que fomentar es el hábito?
